Black mirror, crónica de la segunda sesión

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En la segunda sesión dedicada a la serie Black Mirror con la proyección del episodio 3 de la primera temporada y del episodio 1 de la segunda temporada, contamos con la presencia de una quincena de personas.

Una vez más, no faltaron temas y debates de interés que hubiesen dado para hablar hasta altas horas de la noche, pero tempus fugit! sobre todo cuando la compañía es grata así que aquí os dejamos, a modo de incitación al debate más allá del encuentro, una crónica de los principales temas tratados durante la sesión.

The entire history of you

Este tercer episodio cierra la primera temporada de la serie con una apuesta por llevar al extremo el uso de las nuevas tecnologías en las relaciones interpersonales. El salto cualitativo que se da en un futuro hipotético en el que las nuevas tecnologías llevan a convertir al ser humano en su propia cámara de videovigilancia a través de un “grano” implantado detrás de la oreja que graba toda la realidad que le rodea, haciendo posible el visionado de escenas, diálogos, momentos pasados y presentes, nos lleva a replantearnos la condición humana como tal.

¿Qué seríamos, efectivamente, sin esa capacidad para la recuperación de la memoria mediante el mero recuerdo y la distorsión que conlleva? ¿Qué somos sin la posibilidad del olvido, si en todo momento podemos revivir experiencias y escenas del pasado? ¿Acaso no significaría vivir una segunda construcción de esa experiencia? ¿En qué nos convertimos como individuos si podemos exigir del ser humano la reproducción y demostración constante de sus experiencias vividas? ¿Dónde reside esa supuesta “realidad” si la construimos a sabiendas de que estamos siendo grabados?

Como vemos, un sinfín de preguntas que atañen a la difícil convivencia entre ese futuro hipotético del devenir cámara y memoria de nuestras vidas con la complejidad de nuestra psique. Entre otros planteamientos, el episodio nos llevó a replantearnos cuestiones relativas a la psicología y el psicoanálisis durante el debate, por el impacto que supondría una memoria recuperable y visible en todo momento, en la vida íntima de las personas, en sus relaciones de pareja, de familia, profesionales. La grieta que se abriría en la conducta humana no es mesurable en tanto que no podemos determinar en qué medida ese devenir prefiguraría nuestra conducta, nuestro modo de relacionarnos con el entorno. ¿Dónde quedaría el Ello determinado por un Yo en el que se entromete una cámara de grabación?

En el debate se sacó a relucir también el impacto sobre el derecho y la cuestión penal ya que la exigencia del visionado de nuestras vivencias sería una herramienta a utilizar por el derecho, aunque también cabe preguntarse hasta qué punto como seres humanos tendríamos el control sobre la vida de los demás y los demás sobre nosotros pudiendo exigir la rendición de cuentas constantemente, no únicamente en el ámbito privado sino también en el ámbito público, convirtiéndonos en una suerte de “vigilantes de la realidad”.

Si bien la humanidad avanza con las nuevas tecnologías, evolucionando hacia otras formas de conocer, de relacionarse, de comportarse, parece inevitable acabar hablando de lo indeseable de esta amplificación sin límites. El episodio parece abrir una reflexión acerca de si estamos realmente preparados para una socialización de las tecnologías sin límites.

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Be right back

Este episodio abre la segunda temporada de Black Mirror con un potente planteamiento acerca de la posibilidad de seguir comunicando e incluso conviviendo con quienes ya no están entre los vivos. De nuevo, con la visualización de este episodio, el debate se adentró básicamente en los aspectos psicológicos del progreso sin límites de las nuevas tecnologías, en este caso los factores consecuentes de recrear virtualmente a personas fallecidas.

Más allá de la cuestión evidente en cuanto a la imposibilidad de pasar página llevando a cabo el duelo tal y como lo entendemos desde una perspectiva materialista aceptando la desaparición de personas cercanas, la sustitución hipotética de la muerte por medio de dar vida a cyborgs que son réplicas exactas de dichas personas, abre cuestiones dicotómicas importantes. Por un lado, la espontaneidad y la imprevisibilidad que lleva en si todo ser humano con sus pulsiones y su complejidad psíquica que le lleva a interactuar con su entorno. Por otro lado un mundo prefigurado en el que se imita a la perfección una realidad basada en la interacción establecida a través de las redes sociales dando continuidad y vida a la muerte.

Entre estas dos realidades paralelas, se ha abierto un debate acerca de la reificación como recurso facilitador para una continuidad falaz de la vida y las consecuencias que acarrearían. Por otra parte, el automatismo que generan los artefactos tecnológicos llegados a un punto en el que la construcción de la vida nos lleva a viejas referencias de las novelas de ciencia ficción como en el caso de Isaac Asimov y su paticular visión del futuro con la saga de la Fundación, pero también se recordó la película de Hitchcock Vértigo por la manera en la que el protagonista interpretado por James Stewart intenta recuperar a una persona fallecida a través de la transformación de una mujer que se le parece, y por último la propia historia de la creación de Frankenstein.

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Esperamos, en todo caso, seguir abriendo debates tan interesantes como los que surgieron en la sesión y a por la tercera el próximo sábado día 20 de abril, misma hora (18h30), mismo lugar (La Santa Pintada).