Luminiscencia. El rompecabezas de los ochenta*

by Nicolas Martino, OperaViva

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The Hateful Eighties: malditos en verdad los ochenta, encerrados entre una condena sin apelación, los años de mierda sin alternativa, los de la derrota de los movimientos y la victoria de los patronos; la exaltación eufórica, los años de hedonismo y el repliegue narcisista. En los últimos meses, sin embargo, se multiplica el interés por esta década, iniciada con el secuestro de Moro y cerrada con la caída del Muro de Berlín. Porque, en efecto, visto en retrospectiva —entre la heroína que conquista los suburbios de la metrópoli y la venganza del TINA/1, furor neoliberal que difunde su espíritu pestilente entre los siniestros destellos de Wall Street y el “Milano da bere”/2— estos años están atravesados por corrientes experimentales y creativas, a menudo subterráneas, que anuncian el paisaje sentimental y temporal de nuestros días y que, antes incluso, abrieron la jaula de la Pantera/3 que a finales de la década habría de rugir, de Palermo hasta Turín, por
los pasillos de las universidades y las calles de las metrópolis italianas.
En resumen, si el pensiero debole/4, por un lado, y la pintura como ficción neomanierista, por otro, ocupaban la escena mediática abrazando de lleno la desmaterialización de lo real y ofreciendo como vía de fuga la práctica de una disimulación que, al fin y al cabo, no resultaba tan honesta; desde las celdas y los
patios de las cárceles, donde había sido encerrada a finales de los setenta, la inteligencia filosófica más viva remitía la llamada posmodernidad a una transformación productiva bien material, entroncando con la teoría crítica que, fuera del suelo patrio, conquistaba los campus de las mejores universidades anglosajonas. De Trani a Rebibbia, de los speciali al exilio parisino, la resistencia ética se construía a través de la relectura de Spinoza y Leopardi, pasando de los
prolegómenos de la Costituzione del tempo a las nuevas Fabbriche del soggetto/5, para llegar al Lavoro di Giobbe/6 y la unicidad sin aura de Convenzione e materialismo. Una labor prolija, a menudo realizada en soledad y condiciones extremas, a la que el tiempo daría luego la razón. Un laboratorio que sintetizó el luminol que permitió ver aquello que a simple vista, en la oscuridad de aquella transformación, era invisible.
Al mismo tiempo, una escena creativa generalizada germinó en todos aquellos espacios que habían sobrevivido a la derrota y, evitando cualquier disimulo narcisista, se enfrentó al monstruo lanzando destellos de resistencia estética. Y es precisamente esta escena específicamente italiana, y más aún boloñesa, que es reconstruida e indagada por la exposición curada por Lorenza Pignatti y montada en las salas del Pabellón de l’Esprit Nouveau de Bolonia bajo el título particularmente significativo, Diletantes geniales. Experimentos artísticos de los ochenta (bajo la dirección artística de Alessandro Jumbo Manfredini, abierta los sábados y domingos, de 14:00 a 18:00 horas, hasta el 5 de enero).
Una operación que no tiene una intención nostálgica, sino que quiere restituir –más allá de las lecturas fáciles, las condenas y los remordimientos– la complejidad estética de una escena que, de la gráfica hasta la música, del arte a la moda, de los cómics al diseño, del video al teatro, se había mantenido viva a pesar de todo, anticipándose a los años venideros e inspirando el mainstream postindustrial. No solo, pues, Transavanguardia, sino también los graffiti y los cómics; no solo synth pop y paninari, sino también el post-punk visual, existencial y musical; no solo Commodore 64 y la televisión comercial, sino la primera experimentación videoelectrónica que marcaría el paso de la contracultura a la cibercultura.
Los Giovanotti Mondani Meccanici y el primer cómic informático publicado en Frigidaire, los videos del grupo Grabinsky que anticipaban a Blob, los diseños del grupo Valvoline que reinventaban el cómic, la imaginación de los Bolidisti, diseñadores que propusieron la idea de una Ciudad Fluida adelantándose a su tiempo, así como Francesca Alinovi y su Nueva York como noosfera en contacto directo con los fermentos italianos. Y, más aún, los cuentos de Tondelli y los primeros fermentos de la cultura LGBT, los transparenti «aquellos artistas que se limitaban a que la verdad trasparentase, haciéndose a un lado como artistas y dejando que se agravasen los signos de locura» y Andrea Renzini, artista capaz de moverse a la vez entre la experimentación musical, el cómic y las patinadas páginas de las revistas de moda. Los muchos fanzines de producción propia para terapia de la imaginación y crítica de la época, la nueva serie de A/traverso, siete números de 1987 a 1988 que marcaban el paso de Alice a Berlusconi, y los primeros números de Decoder que se abrieron a la cultura cyberpunk.
Una escena que de forma compleja mantuvo una línea directa con la del Settantasette/7, pero que se movía alternativamente entre el underground y el mainstream tratando de emplear creativamente aquello que la sociedad del espectáculo había puesto a su disposición. Y que, como decíamos al principio, sigue siendo especialmente significativa por su lucidez; vale decir esa particular habilidad premonitoria que le permitió ver y capturar ese colapso espacio-temporal determinado, de un lado, por el agotamiento del futuro y, del otro, por la aceleración automática e imparable determinada por el desarrollo tecnológico. Una sentir el tiempo que dibuja también nuestra condición actual y que esta exposición documental, construida como un atlas, restituye en toda su extraordinaria y efímera naturaleza visionaria. Con el rompecabezas de los ochenta y su luminiscencia, no hay duda, quedan todavía unas cuantas cuentas pendientes.

* traducción Artefakte | www.artefaktes.net | publicado originalmente en italiano por el webzine OperaViva | www.operavivamagazine.org | 1 de enero de 2020 |

NOTAS DE ARTEFAKTE
1/TINA es el acrónimo para “There Is No Alternative”, hecho célebre en su día por Margaret Thatcher y con el que impuso la hegemonía cultural del marco interpretativo neoliberal. Mark Fisher se referiría a dicho marco como “realismo capitalista” en un conocido ensayo de igual título publicado en castellano por Caja Negra.
2/Milano da bere es una expresión periodística con origen en una campaña publicitaria que define ciertos ambientes del Milán de los años ochenta, época marcada por figuras como Bettino Craxi (PSI) en el poder político y un emergente Berlusconi en el mundo de los negocios. Marca un cambio de mentalidad marcado por el individualismo oportunista extremo.
3/La Pantera fue un ciclo de luchas estudiantiles italiano contra la reforma Ruberti que arranca en la facultad de filosofía y letras de la Università degli Studi di Palermo el 5 diciembre del 1989 y se va extendiendo hasta la primavera del 1990. Recibe su nombre del avistamiento de una pantera el 27 de diciembre en Roma. Este suceso inspira el slogan “La Pantera siamo noi” (la pantera somos nosotros) con el que despega el movimiento en todo el país.
4/El pensiero debole o pensamiento débil fue un concepto acuñado bien entrados los años ochenta por Gianni Vattimo en el contexto más amplio de la postmodernidad. Coincidente en términos históricos con la consolidación del neoliberalismo y el fin de la Guerra Fría fue tan influyente como criticado en su momento perdiendo relevancia en los años posteriores.
5/Existe traducción en castellano, Fábricas del Sujeto, Ed. Akal.
6/En castellano, Job: la fuerza del esclavo, Paidós.
7/Por Settentasette (en referencia al año 1977) se conoce el ciclo de luchas autónomas que tuvo su epicentro en Bolonia y que marcó el fin del largo ciclo del 68 que había comenzado en Italia con el Autunno Caldo de 1969.

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