Valerie Solanas. Un tiro en espiral para matar al Hombre

Este artículo de Sara de Azcárate sobre (y con) Valerie Solanas vio la luz por vez primera en 1979 en el número 40 de Ozono, una de las cabeceras contraculturales más importantes de la Transición. El texto ha sido revisado por su autora y corregidos algunos detalles manteniendo al máximo el respeto por el texto original. Sus cuatro décadas le confieren hoy un valor añadido al desvelar esa parte a menudo olvidada de la historia del feminismo radical y su recepción en unos años decisivos.

La presente analogía en torno a la obra de Valerie Solanas (el SCUM) quisiera ser algo distinto a su inserción dentro del feminismo. La manera de pensar es, hoy por hoy, masculina. Se preguntarán, pues, ¿cuál es la femenina?

Nosotras, las mujeres —hablar de la mujer sería caer en el análisis abstracto—, somos una espiral y nuestra forma de estar tiene mucho que ver, con la reconcentración, en esa forma que adopta nuestro cuerpo en el momento en que nos avenimos a dar a luz un nuevo ser.
Tomemos un punto y veamos que puede desplazarse en dos movimientos. El lineal, que da por resultado el vector, y el curvo, que engendra el círculo. Tanto el vector como el círculo corresponden al principio masculino y al femenino.
Si elegimos el vector, tendremos la producción de esta cultura y solamente dentro de su trazo podríamos desarrollar un razonamiento que no nos dejara afuera, es decir, bajo el juicio marginador de la llamada «lógica femenina». Paradoja que, oficialmente, sirve para que el término «lógica» sea anulado por el adjetivo «femenina».
Pero, acoplándose una vez más a la interpretación fálica que hace la historia a costa de los cuerpos de hombres y mujeres, derribados en línea recta, digamos que Valerie Solanas recuerda en su Manifiesto de la Organización para el Exterminio del Hombre (o SCUM) a su antecesora inglesa, apasionada ella y entusiasta defensora de los derechos de la mujer: Mary Wollstonecraft.
Mary publicó, en 1792, su libro Vindicación de los derechos de la Mujer/1. Propuso una educación unificada para niños y niñas, igualó el matrimonio a una prostitución y denunció la esclavitud de la mujer.
Mary respondió masculinamente al desafío, analizando los efectos y femeninamente en la forma, por lo que fue tachada de radical, en razón a su «falta de estructura lógica», su «repetición» y estilo «poco exquisito»/2.
Han pasado ciento ochenta y seis años y viendo las cosas bajo el prisma del vector, otro tanto podría decirse de Valerie Solanas, sin que su apasionamiento, denuncia radical y proposición en firme de exterminar al hombre permitan que pase por otra cosa que locura.
Valerie Solanas ha tenido que explosionar el sentido falocrático de la lógica tanto como para que, por miedo, se la tachase de histérica. Otro loco fue Hitler y por ser hombre materializó su idea expuesta en Mein kampf, único medio para poder librarse de ella, lógicamente.
Valerie Solanas, de ascendencia francesa, vivió en Estados Unidos y fue, se dice, víctima de una violación frustrada. Eligió al macho, que para ella encarnaba la escoria de lo odiable, y le disparó un buen tiro al recreador de las famosas sopas Campbell’s, Andy Warhol —en la actualidad, máximo estandarte de la cinematografía misógina—, sin llegar a matarlo.
Primero se la encarceló y después se la recluyó en un manicomio. Hoy se perdió su pista en línea recta. Sin embargo, su existencia deja, como una piedra arrojada a un lado, ondas que se expansionan hasta hoy. Tan fuertes, que su SCUM había sido publicado en ciclostil por los grupos feministas, dado su impetuoso extremismo. Ediciones de Feminismo permite que lleguen a un vasto público frases como ésta:

«Dada la constitución de su sistema nervioso el hombre, muy primitivo y susceptible de resentirse fácilmente a causa del más mínimo despliegue de emoción o de sentimiento, se protege con la ayuda de un código social perfectamente insípido, carente del más leve trazo de sentimientos o de opiniones perturbadoras».

Para uno de ellos —la mayoría, y es una concesión— este párrafo «carece de base científica». Para la inmensa mayoría de mujeres es bastante real. Los hombres no lloran.
El falo de la misoginia yanqui hiere profundamente a Valerie. Ella le contesta en la misma forma; disparando un tiro en línea recta. Vector negativo contra vector positivo, íntersección y ¡zas!… se terminó la Humanidad.
Pero nada se termina nunca. En todo caso, renace más deprisa. En el fin de las mujeres mora su principio. Han sido destruidas para volver a nacer. Su forma de pensar, de abrazar, de moverse, su gestualidad toda, es curva. Engendra círculos e hijos. Resiste dos mil años una esclavitud inimaginable para el hombre. (¿Puede acaso un hombre imaginar una violación sin haberla sufrido físicamente?)

El círculo

No existe la defensa de lo curvo. Lo curvo engendra el círculo y el círculo es. Desde Copérnico lo sabemos. Todos los movimientos celestes son circulares o compuestos de círculos.
Las mujeres no han perdido la fuerza de la restauración; si así fuera no estaríamos aquí. Valerie Solanas contestó a la afrenta con un vector contrario, pero ella era también onda —aunque fuera de lo más excéntrica— del ciclo. Al igual que la luz se muestra por ondas y fotones, en espiral, Valerie Solanas escupe con furia a la falocracia. Sin embargo, afortunadamente, su onda plutoniana es hoy sumamente valiosa y necesaria. Para comprenderlo no hace falta más que revisar lo exigido por Mary Wollstonecraft, hace ya casi doscientos años, y ver que sigue siendo una reivindicación aún por realizar, en base a que:

«Los hombres esperan que las mujeres acepten aquello que les petrífica de horror; ellos mismos».

Sí, Valerie. Se aceptan porque han salido de nosotras, «son» nosotras. El problema o la guerra es que ellos se sienten separados de la madre, o sea, de sí mismos, por eso les acusas.

«… según el pensamiento masculino, la vida es un absurdo».

Agustín García Calvo, en su librito ¿Qué es el Estado?, termina por implorar a las mujeres que nos libren del hombre.
Pero Valerie no creía en el tiempo ni en la Historia. Ya no es; ¿el hombre aprende o se muere? Al hombre se le mata, tranquilamente.

«El hombre se atreve a ser diferente sólo cuando acepta su pasividad y su deseo de ser una mujer, su mariconería. El más consecuente –al que Valerie perdonaría la vida– es el travesti».

El travesti que sí sabe ridiculizar tanto lo que se ha venido llamando femenino como lo masculino. Eunuco del significado, ¡vivan los grumetes sin sexo que trastrocan la brújula del deseo!
Su excentricidad, que nunca fue marginal, aunque a eso se la haya reducido, hace que Solanas diga:

«Vivir al margen es dejar el campo libre a quienes se aprovecharán de él».

Es como si para ella la Historia fuera anterior a su ser, en la que se mueve porque la mayoría la cree real. Por eso, aunque su proposición de exterminio provoca la risa, no deja de estar asentada en lo real. Denunciar la subordinación de la mujer y negar la igualación con el hombre y proponer algo mejor —que podría haber sido para todos— son efectos de su velocidad en espiral, un regalo inmenso de no ser por la barbarie del hombre, que le condena y hace de las mujeres las únicas beneficiarias de su mensaje.
Ella cree que no hace falta ayudarlos. Ellos solos caminan hacia su autodestrucción.

«El SCUM se dispone a despreciar al hombre para centrar su odio en las mujeres seguras de sí mismas, dominantes, mordaces, violentas, egoístas, independientes, orgullosas, etc

En definitiva, Valerie prosigue luchando contra atributos y formas de ser, genuinamente masculinas.

«La mujer, en cambio, no solamente ni se cuestiona su identidad, o su individualidad, sino que por instinto sabe que el único mal consiste en herir a los demás y que el verdadero significado de la vida es el amor».

El círculo en expansión, a través de las ondas, hace por su movimiento centrífugo que las ondas excéntricas las formen las mujeres, marginadas porque sí y tengan como nadie la fuerza de la regeneración en continuo movimiento. Llámese feminismo, en aquellas que se agrupan para enfrentarse a una lógica desprestigiada, intentando sumar a mujeres ya insertas y pactantes, o anhelada androginia en adolescentes —de ambos sexos— que, muy a pesar de las convenciones, por un breve tiempo, logran ser-de-todo, sin tener que agruparse para luchar por nada.

La espiral

El punto, el fondo de la cuestión, es siempre, por naturaleza indefinible, a no ser por la forma en que se manifiesta. Las mujeres son-en-sí-mismas. Son una forma de estar, de estar pasando —con la doble acepción del término pasar—. El hombre tiene objetivos, se constituye a través-de. Pasa, hacia ellos, estando.

«El hombre, aunque capaz de comprender y utilizar el conocimiento y las ideas, no puede entrar en relación con ellas, aprehenderlas emocionalmente; no valora el conocimiento y las ideas en sí mismas observemos de nuevo el pensamiento circular de Valerie es simplemente un medio para lograr fines y aquí el vector; en consecuencia, no necesita cultivar las facultades intelectuales de los otros».

La mujer pasa de una cosa a la otra, «se va por las ramas». No hay quien la entienda, se dice. Somos las subjetivas de la Historia. Hemos sido eliminadas por lo objetivo, una mera manipulación de lo subjetivo, que es todo.
Valerie Solanas ha sido tan «mujer» como para proponer el exterminio sistemático del hombre y el aprovechamiento de su esperma, aprovechándolo sin él, a través de los bancos del mismo. Y también para decir que «…resultaría muy tentador meter en el mismo saco al hombre, los grandes artistas y las mujeres hipócritas, pero sería incómodo, pues no quedaría nadie». Eso tiene el SCUM, no sólo ironía, sino humor desgarrado: risa, lo único que no restaura. Valerie Solanas está dispuesta a terminar con todos. No lo hace porque resultaría «incómodo».
Pero Valerie es un puente entre las ondas, no un círculo aislado. No concibe una lucha a medias; ella no cree en la manoseada evolución.
Sobre las manifestaciones feministas escribe:

«Eso es para las señoras de clase media, privilegiadas y educadas, que sienten gran estima por papá y por la policía y manifiestan una fe ciega en la bondad intrínseca»

Da unas vueltas más allá. Radicaliza hasta descodificar. Sólo una concesión a una cultura tanática: exterminar al hombre de la faz de la tierra. Demasiado pronto o demasiado tarde. También el tiempo es una salida de emergencia.
Valerie termina con una frase que sólo puede tener sentido en una lógica que lleva siglos perdiendo, con un principio de acción genuinamente femenina:

«El resto de las mujeres —una vez eliminados o travestizados los hombres— se ocupará de intentar resolver los pocos problemas que queden sin él, antes de centrarse en la cuestión de la eternidad y la utopía».

Viajando en la nave del tiempo, Valerie propone a las mujeres una vida cósmica. Desde este trozo de tierra podríamos contestar a Valerie, que seguramente pasea por la cuarta dimensión, que sí. Hay un abuso del vector. ¿Cómo negarlo? De tal magnitud que quizás, sí haya que contestar en línea recta, para que todo se desintegre en un movimiento centrípeto y obtener en el núcleo un nueva oportunidad.
Con el SCUM de Valerie Solanas sabemos que el problema no está en los sexos, sino en la manera de pensarlos, en la forma de decirlos.
Valerie Solanas es por sí sola la espiral, un remolino exterior al tiempo mismo que quería matar al Hombre y su mayúscula.
Pero no todas las mujeres han desarrollado su masculinidad hasta ese punto. Siguen restaurando. Al fin y al cabo, ¡son tan confiadas! En el hogar, o en los grupos feministas, y en la cultura, dejando artículos a modo de guijarros. Y siguen creyendo en eso de la «bondad intrínseca», por la que se espera que los hijos de hoy no sean los pésimos amantes de mañana/3. El cuadrado (cárcel de la estética, manicomio de la producción, híbrido del pensamiento, inauguración de la carencia), será por fin circularizado. En este presente, el SCUM de Valerie Solanas es, ni más ni menos, que el insulto necesario, para ir al baile disfrazadas de momentos y evitar que nos tomen por locas, encerrándonos afuera, unos siglos más.
1/Traducción castellana en Editorial Debate, Madrid, 1977.
2/Ema, Ch., “Un prólogo feminista: Mary Wollstonecraft”, Tiempo de Historia, núm. 42, IV, 1978.
3/Lonzi, C., Escupamos sobre Hegel, La Pléiade, 1970.

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