Entrevista a Raoul Vaneigem

Entrevista aparecida en el número 13 de Le Nouveau Magazine Littéraire

Le Nouveau Magazine Littéraire, LNML: en Contribution à l’émergence de territoires libérés de l’emprise étatique et marchande, escribe usted que “preferir el mal de hoy a lo que será peor mañana, impide que nos pongamos en pie”. Sin embargo, los chalecos amarillos se han puesto en pie, y precisamente para preservar su lugar en esta civilización del consumismo y del reino del coche, que Usted condena.
Raoul Vaneigem, RV: No se le debe haber pasado por alto que el propósito de mi libro es principalmente sacudir la resignación, la indiferencia y la apatía que hasta el día de hoy han tolerado que la desertificación de la tierra y la vida sea fríamente programada e impuesta, con un cinismo creciente, a expensas de las poblaciones del planeta. Que una gran explosión repentina de cólera estalle, inesperada, con móviles de los que solo su apariencia es inútil, me produce una gran satisfacción. ¿Se pusieron en pie para preservar su lugar, dice Usted? ¿Qué lugar? No tienen cabida en este hermoso mundo empresarial que les explota en tanto que consumidores teledirigidos, como productores de bienes que tienen que pagar, como pagadores —burocráticamente controlados— de impuestos y aranceles que rescatarán las malversaciones bancarias. Ciertamente, el gran grito del “¡ya basta!”, del “¡estamos hartos!” puede volver de nuevo, hacerse efímera. La servidumbre voluntaria ha conocido en numerosas ocasiones revueltas sin futuro. Pero incluso si la ira de los chalecos amarillos se está estancando y menguando, una gran ola verdaderamente popular —y no populista— se ha levantado y ha demostrado que nada puede resistir los impulsos de la vida.
LNML: ¿Es chalecos amarillos el nuevo nombre de esta clase sumisa a “una carga agotadora cuya compensación salarial se utiliza principalmente para invertir en la compra de mercancías”?
RV: No es una clase, es un movimiento heterogéneo, una nebulosa donde politizados de todos los colores se mezclan con aquellas y aquellos que han borrado la política de sus preocupaciones. El carácter global de la ira impide que los tradicionales tribunos del pueblo recuperen y manipulen el rebaño. Porque aquí, no hay, como de costumbre, un rebaño que bala tras su carnicero. Hay individuos que reflexionan sobre las condiciones cada vez más precarias de su existencia cotidiana. Hay una inteligencia de los seres y un rechazo del destino indigno al que son destinados. La lucidez se busca a tientas, encontrando su camino en la incertidumbre. Que el poder y sus secuaces mediáticos tomen a los insurgentes por imbéciles, demostrará hasta qué punto es débil y vulnerable este capitalismo que no cesa de decirnos que es ineluctable e invencible.
LNML: A la frase “embrutecidos por un lujo de pacotilla, los futuros náufragos retozan en la cubierta mientras el barco se hunde”, replican “te preocupas por el fin del mundo, a nosotros nos preocupa el final del mes”, ¿qué se les puede responder?
RV: Al preocuparse por el fin de mes, no hay nadie, aparte de los oportunistas que nos gobiernan, que se preocupe a la vez, no ya por el fin del mundo, sino por el fin de un mundo que ya no queremos; que no le importe el destino que nos aguarda a nosotros y a los niños, un mundo entregado a la barbarie del “cálculo egoísta”. Y ese no es un pensamiento metafísico, es un pensamiento que se formula entre los impuestos a pagar, el trabajo a realizar, las restricciones administrativas, las mentiras de la información y “ el embrutecimiento por un lujo de pacotilla” mantenido a sabiendas por los creadores de opiniones que idiotizan a la gente. Un arranque de inteligencia llega hoy como un soplo de aire fresco en la estancada atmósfera de alcantarilla a la que la dictadura del dinero nos aboca en todo momento.
LNML: ¿Son los chalecos amarillos un ejemplo de ese proletariado que “ha retrocedido a su anterior condición de plebe”? Víctima de un capitalismo financiero que ha degradado “su conciencia humana y su conciencia de clase”, ya no hace revolución, se rebela.
RV: Sí, es la ilustración de tal regresión. Pero, como escribí, la conciencia proletaria que en su día arrancó sus conquistas sociales al Estado solo ha sido una forma histórica de conciencia humana. Esta renace ante nuestros ojos, reactivando la solidaridad, la generosidad, la hospitalidad, la belleza, la poesía, todos esos valores sofocados hoy en día por la eficacia rentable.
LNML: ¿Se puede aún, mientras pertenecemos a las clases medias interiores más periféricas (trabajo mal remunerado, obligación de usar el propio automóvil para cualquier desplazamiento, adelantos a la seguridad social o alquileres que pagar…), recuperar la “autogestión de lo cotidiano”?
RV: ¡Deje de rebajar las reivindicaciones al nivel de la cesta de la compra! Puede ver perfectamente que estas exigencias son generales. Vienen de todas partes: jubilados, estudiantes de secundaria, agricultores, conductores cuyo automóvil se usa más para ir al trabajo que a tomar el sol en un yate, de todas esas mujeres y todos esos hombres, de esos anónimos que se dan cuenta de que existen, que quieren vivir y que están hartos de ser despreciados por una República de las cifras de negocio.
LNML: Habla de un Estado “reducido a su simple función represiva”. ¿Es ese el que vemos hoy en Francia?
RV: No es un problema nacional sino internacional. Ignoro cuál es la cara de Francia o siquiera si Francia tiene una cara, pero la realidad que recubre esta representación ficticia es la de hombres y mujeres sobrecargadas de gravámenes a voluntad, millones de personas convertidas en vasallos de una democracia totalitaria que los trata como mercancías.
LNML: ¿La lucha de los chalecos amarillos puede confluir con las de fuerzas que saluda en su libro (“zadistes”, feministas, activistas medioambientales…) o se oponen por esencia?
RV: Ni se oponen, ni confluyen. Hemos entrado en un período crítico en el que el más mínimo desafío particular gira en torno a un conjunto de demandas generales. La tomatera es más importante que las botas militares y estatistas que la quieren aplastar –como en Notre-Dame des Landes. Los dirigentes políticos y aquellos que se ponen a la puerta para sustituirlos piensan lo contrario, igual que creen que gravar el combustible de aquellos a quienes se les ha hecho indispensable el uso del automóvil y el combustible prescinde de tocar las ganancias exhorbitantes de Total y los suyos. Las “zonas a defender” (ZAD) no se limitan a combatir las molestias que las multinacionales implantan a costa de los habitantes de la Tierra; son el lugar donde la experiencia de nuevas formas de sociedad dan sus primeros pasos. “¡Todo es posible!”, tal es también el mensaje de los chalecos amarillos. Todo es posible, incluso las asambleas autónomas en los cruces de caminos, las aldeas, los barrios.

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